Por Juan José Bravo Monroy
Quienes escribimos sobre el sector turístico, nunca habíamos advertido una caída tan severa de esta actividad como en los días presentes. En el pasado, en la década de los setentas, vimos surgir Cancún, dimos cuenta del despegue de Los Cabos y de Nuevo Vallarta, como promesas que pronto habrían de rendir grandes frutos, dada la belleza y la publicidad que se hizo a estos destinos. Gente de Estados Unidos, Europa y Oriente, redescubrieron México y en especial nuestras costas, atraída por la belleza de los atardeceres, la magia encantadora de sus mares y los contrastes que ofrecen a los ojos, panoramas novedosos y atrayentes.
Sin embargo, hoy es diferente. Las familias se quedaron en casa y los negocios se centraron en las casas matrices, de tal manera que los ingresos turísticos para 2009, serán de 7 mil 572 millones de dólares, contra los 13 mil 200 millones de dólares de 2008, a consecuencia de factores tales como la contingencia sanitaria y los golpes a la economía mundial con sus secuelas de desempleo y desesperanza.
El Centro de Estudios de Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados, dio a conocer un estudio titulado “El impacto de la Contingencia Sanitaria, por el virus de la Influenza Humana en el Sector Turismo en México al segundo trimestre del 2009” donde menciona que el Producto Interno Bruto turístico caerá entre 16 y 17 por ciento en el presente año.
Desarrolladores turísticos, hoteleros, restauranteros, y prestadores de servicios, vieron caer como fichas de dominó alineadas, una tras otra sus expectativas de crecimiento. El cierre de 35 hoteles, 25 de ellos en Cancún, y la Riviera Maya y 10 en otras entidades del país, así como la pérdida de 40 mil empleos directos, 25 mil de ellos en el Caribe mexicano, son tan avasalladores que no admiten réplica.
Ante un panorama desalentador como el planteado, tiene que tener como respuesta, el aprendizaje y una pronta reacción. La Influenza Humana crea en el viajero, incertidumbre, desconfianza y confusión. Si la respuesta de nuestras autoridades, a la aparición del mal fue inmediata, no así la del turista que se amedrenta ante la posibilidad de enfermar en suelo ajeno y prefiere diferir las salidas a pasear para mejores tiempos.
Queda claro que la demanda de servicios turísticos a mediano y corto plazo continuará a la baja. A nadie le gustará leer estas cosas y menos a los sectores del turismo pero esto es lo real.
Estás pérdidas de ingresos lo resentirán más estados como Quintana Roo, Baja California Sur, Nayarit, Colima, Guerrero y Sinaloa, que fincan en el turismo, buena parte de sus ingresos.
Si bien es cierto que la campaña internacional “Vive México” para generar turismo es imaginativa, no basta. Es necesario empezar de nueva cuenta a dar mejores servicios y precios atractivos a los visitantes nacionales y extranjeros deseosos de encontrar nuevas experiencias. Se trata de empezar casi de cero, lo que equivale a ofrecer habitaciones pulcras y con óptimo mantenimiento, alimentos sazonados y bien presentados, servicios de calidad y con buena cara. Es necesario capacitar continuamente a nuestra gente, para que responda a las expectativas. El escenario llamado México es de por sí hermoso, pero necesario enriquecerlo para que el déficit sea menor y la confianza regrese a todo mundo.
Dicen los jóvenes que hay que ponerse las pilas, los adultos pueden aconsejar “el que madruga Dios lo ayuda” y aquél más que usa lenguaje académico señalaría que la sensibilidad del viajero hace que se quede en casa por el momento, hasta no percibir que los vaivenes económicos se hayan superado. Creyentes como somos del turismo, abogamos por una pronta recuperación que dependerá de cada uno de los entregados a esta noble actividad. Del golpe y la caída hay que aprender… y entre más pronto mejor.